Indudablemente, Cerdeña es una maravillosa isla que sorprende al turista con sus luces, sus contrastes naturales y los colores de una comarca de viejas tradiciones, en una naturaleza salvaje e inexplorada.
Ubicada, en el corazón de la costa mediterránea, con un territorio fundamentalmente montañoso, sin elevadas cumbres. Esta maravillosa isla italiana, regala al turista un ambiente natural especial.
En La Costa Esmeralda, destaca la localidad de Porto Rotondo, situada en el reverso del Golfo de Cugnana, con varias villas y plazas ubicadas en un maravillo entorno natural.
Pero si os gustan más las montañas, os recomendamos la comarca Gennargentu, la cordillera más importante de la isla. Rica fauna y flora, con sus águilas reales, sus muflones, ciervos sardos y otras especies desgraciadamente en peligro de extinción.
Uno de sus atractivos, sobresalen los monumentos nurágicos dispersos por toda la isla. No existen este tipo de monumentos en otra parte del mundo. Las nuragas, edificadas con grandes bloques de piedra, se desplegaron entorno a una torre en el centro, que comunica potencia y solidez. Son lugares arqueológicos, dónde todavía en la actualidad se pueden contemplar los signos de viejos rituales y de la vida tradicional. Destacando entre todos, el complejo de Barumini, en la comarca de Cagliari.
Cerdeña está formada por varias provincias: Cagliari, Nuoro, Carbonia – Iglesias, Oristano, Olbia – Tempio, Ogliastra, Sassari y Medio Campidano.
Es difícil elaborar una lista de los lugares recomendados que se pueden visitar en Cerdeña. Santa Teresa di Gallura, San Teodoro, Baia Sardinia o Poltu Quatu, son solamente algunos de los sitios más fascinantes que bien merecen una visita.
En cuanto a la cocina sarda, está a la altura de los paladares más exigentes, por sus ingredientes naturales y sencillez. No podréis iros de Cerdeña sin degustar el delicioso cochinillo a la parilla presentado en bandejas de corcho adornado con ramas de mirto, el porceddu, la langosta algueresa, el atún de Carloforte, la botarga de Cabras.
La mejor forma de acompañar cualquier plato, es con los vinos de la tierra el Cannonau o el Vermetino de Gallura, o un licor de mirto.